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Bienvenido, espero que encuentres en este espacio una guía para tus finanzas personales, para el emprendimiento, para la economía familiar, y más.

Propósito #4.2016

By Luis Lara Esqueda, Jan 1 2016 02:41AM


Aprender a relacionarte es lo mejor que te puede pasar para potencializar tu trabajo o tu negocio, inclusive tu persona misma. Aprendí muy joven que si no sabes compartir lo que haces con la misma pasión y el amor con el que haces tu trabajo o tus proyectos, jamás se interesarán por tus servicios.


Aun si tu tarea es la más remota, o estar a la cabeza de una empresa y no sabes cómo relacionarte, nadie se enterará de la importancia de lo que haces, nadie valorará tu trabajo por pequeño que sea y peor aún nadie valorará toda la dedicación y esfuerzo que has puesto en ello.


Uno de mis objetivos es lograr tener una calidad de vida sin tener que vivir para trabajar. Por que sí, aunque la vida es cara y cuesta, no podemos vivir para trabajar, por que entonces, jamás viviremos para disfrutar lo que hemos trabajado.


Al relacionarte aprendes a vender tu trabajo, tu persona y tus esfuerzos, y el concepto de valor en un cliente es muy relativo, por eso relacionémonos y aprendamos cómo ser valiosos para nuestros clientes, eso hará la diferencia en tu desarrollo personal como profesional.


LA MEJOR MEDICINA

Si no eres médico, probablemente nunca habrás oído el nombre de William Osler. Era

médico, profesor universitario y autor, practicó la medicina y enseñó hasta su muerte a la edad de 70 años, ocurrida en 1919. Su libro, Principios y práctica de la Medicina influyó por más de 40 años en la preparación de los médicos en los países de habla inglesa, China y Japón. Pero esa no fue su más grande contribución al mundo. Trabajó por hacer volver los sentimientos a la práctica de la medicina.

La inclinación de Osler por el liderazgo se hizo evidente cuando era todavía un niño.

Era un líder natural y el estudiante más influyente de su escuela. Siempre mostró una

habilidad sobrenatural para relacionarse con la gente. Todo lo que Osler hizo hablaba de la importancia de establecer relaciones con los demás. Cuando llegó a adulto y se hizo médico, fundó la Asociación Americana de Médicos para que todos los médicos se unieran y compartieran información y se apoyaran unos a otros. Como maestro cambió la forma en que funcionaban las escuelas médicas, sacó a los estudiantes de las secas salas de conferencias y los llevó a las salas de los hospitales a interactuar con los pacientes. Creía que los estudiantes aprendían primero y mejor en relación con los mismos pacientes.

Pero la pasión de Osler fue enseñar compasión a los médicos. En cierta ocasión, dijo a un grupo de estudiantes de medicina: En todas partes hay un fuerte sentimiento entre la gente. Lo vemos en los periódicos. Que nosotros los médicos estamos entregados hoy en día a la ciencia; que nos preocupamos mucho más por las enfermedades y sus aspectos científicos que por el individuo … les insto a que en su propia práctica presten más atención al paciente individual … Al tratar como lo hacemos con la pobre humanidad sufriente, vemos al hombre desenmascarado, expuesto a todas las fragilidades y debilidades y tienen que mantener su corazón blando y tierno para que no tengan demasiado desprecio por sus semejantes.

Otra habilidad de Osler de mostrar compasión y establecer relaciones puede ser

resumida por su tratamiento a un paciente en 1918, durante una epidemia de neumonía causada por influenza. Osler generalmente limitaba su trabajo a hospitales, pero debido a la magnitud de la epidemia, trató a muchos pacientes en sus casas. La madre de una pequeña niña contaba cómo Osler visitaba a su hija dos veces al día, hablaba con cariño y jugaba con ella para entretenerla y reunir información sobre sus síntomas.

Al saber que la niña estaba próxima a morir, Osler llegó un día con una hermosa flor

roja envuelta en papel, la última rosa del verano que creció en su propio jardín. Le regaló la flor a la niña, y le explicó que aún las rosas no podían permanecer tanto como querían en un lugar, sino que tenían que irse a un nuevo hogar. La niña pareció sentirse confortada por sus palabras y su regalo. Murió pocos días después. Osler murió al año siguiente. Uno de sus colegas ingleses dijo de él: Así entró a la historia, prematuramente, aun cuando había alcanzado el tiempo asignado, el médico más grande de la historia … Y sobre todo es un amigo que durante su vida lo tratamos de Osler; como alguien que poseía el genio de la amistad en un grado mayor que ninguno otro de nuestras generaciones. Su maravilloso interés en todos nosotros fue su característica sobresaliente … Era de su humanidad, de su extraordinario interés por sus semejantes de donde parecían fluir todas sus demás capacidades.

John C. Maxwell



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